Blog
Publicado el 17 de abril de 2015
Las enseñanzas de las plantas

Hace algunos meses me he estado dedicando a cuidar algunas plantas. Algunas, unas poquitas, de a poco adaptándome a sus necesidades, y viendo mis reales posibilidades de ser una "buena madre" para ellas.

Escuché muchas veces sobre los beneficios de tener un jardín y ocuparse de cuidarlo, pero no pensé hasta qué punto podía enseñarme tantas cosas el contacto con unos cuantos seres del fascinante reino vegetal.

Los seres humanos somos de lo más antropocéntricos -bueno, está difícil ver el mundo como una piedra o una planta siendo humanos-pero la cosa es que esto nos lleva a interpretar el mundo y los acontecimientos del resto de los seres bajo nuestros propios parámetros. Así, lo que he aprendido de las plantas, lo traslado al mundo humano sin ningún tipo de filtro o recato.

En esta serie de posts les comparto fotos de algunas de las plantas que he logrado criar, y les cuento qué aprendí de cada una.

En este primer post, el turno es de:

20150417_140137.jpg

LOS CRISANTEMOS AMARILLOS

Florecer es un proceso LENTO y la lentitud está subvalorada por nuestra cultura hoy en día. Todo ha de ser eficaz y rápido, y mientras más cosas hagamos paralelamente, somos mejor evaluados por el resto. Me considero una persona en proceso de rehabilitación en relación a la necesidad de hacer demasiadas cosas y todas de forma rápida. Por alguna razón -que no sé si será solamente cultural o bien, si habrá algunos elementos de orden biológico en el asunto- sentimos una atracción fascinante hacia las plantas o árboles cuando están en etapa de floración. La belleza de lo que sucede nos atrae de forma espontánea. No me parece que ocurra lo mismo con los árboles invernales por ejemplo, cuando toda la energía está por dentro, trabajando laboriosamente por mantener la vida en los momentos de clima adverso. Cuando meditamos en el trabajo que debe hacer el árbol en invierno para mantener la llama de su vitalidad, nos admiramos, pero es algo que no salta a simple vista, es un proceso sobre el cual hay que reflexionar y luego, admirarse.

La floración tiene que ver con la parte visible de los procesos creativos, con aquel momento en que todo lo que hemos macerado en nuestro silencio, en nuestras cuevas creativas, alcanza el estado en que puede ser mostrado, compartido y expresado hacia el afuera, hacia los otros. Generalmente, el tiempo que las flores permanecen en su máximo apogeo de belleza y energía es muchísimo menor al tiempo que se toman en prepararse para brotar.

Por lo general, en nuestros procesos creativos, tendemos a aferrarnos a las flores de nuestro trabajo y le tememos a los momentos silenciosos, a esos momentos en que está todo ocurriendo por dentro y no hay nada que mostrar. Le tememos a los momentos en que "no tenemos ideas" o "estamos bloqueados". Creo que en esos momentos lo que verdaderamente ocurre, es que como las plantas, necesitamos volcarnos hacia dentro, practicar la receptividad, saber esperar, saber dejar morir las flores, saber vivir los inviernos de nuestra creatividad. No creo que exista el bloqueo. Es solo que no hemos descubierto nuestro ritmo, y nos forzamos a estar siempre floreciendo. 

Los crisantemos amarillos me han enseñado que los efectos visibles de mis procesos creativos tardan en aparecer y una vez abiertos al mundo, no tardarán en morir, es por eso que hay que disfrutarlos al máximo mientras duren y aprender a dejarlos morir con la tranquilidad de que vendrán más...que se van a demorar, pero que vendrán.

 

 

 

 



 


Volver a notas del blog